26 oct 2008

Cronicas de una Traidora. cap 1: Los ninjas del fuego

- Akiko, a tu derecha.
- Lo veo, ¿voy por él?
- Aún no, Kaori ¿lo ves?
- Si, estoy sobre él sensei.
- ¡Lo tengo a sólo dos pasos! ¡Voy por él!- y el chico se lanzó sobre el pequeño gato blanco.
- ¡Takeshi no! Kaori, Akiko, vayan por él.
Los otros dos se abalanzaron sobre el felino, pero lo único que lograron fue chocarse contra el suelo lleno de hojas secas. Hadda, su sensei, se levantó y con su increíble velocidad atrapó al escurridizo gato por el lazo que tenía en el cuello. Acariciando al pequeñín detrás de la oreja para que se durmiera se acercó a sus tres alumnos.
- Takeshi, cuantas veces tengo que decirte que no seas así de apresurado.
- Lo siento Hadda-sensei, es que creí que lo atraparía.
- Siempre olvidas el trabajo en equipo Takeshi.
- ¡Eres un atolondrado Takeshi!- le gritó Akiko al chico cuando su sensei terminó de hablar- debiste esperar a que Kaori-kun saltara.
- Kaori-kun, Kaori-kun, ¡yo también soy parte del equipo Akiko-chan!
- Ya dejen de pelear. Vamos, llevemos a este copo de nieve con su dueña.
Los tres chicos asintieron y, junto a su sensei, comenzaron a caminar de regreso a la aldea. Takeshi, un chico pelirrojo y de ojos celestes muy inquieto y despistado, era un Deshi[1] de doce años como sus otros dos compañeros, pero la verdad era que no era muy inteligente y sus técnicas ninjas tenían que mejorar un poco. Akiko era una chica rubia de ojos color ámbar, inteligente y de mente rápida, pero con habilidades ninjas deplorables; era la típica chica que se convierte en ninja por el chico guapo. Y justamente el chico guapo era Kaori, miembro del poderoso Clan Kamakura, era inteligente y fuerte; de cabello negro azabache y ojos verde jade, Kaori era el Deshi de su edad más popular entre las chicas y la envidia de muchos chicos.
Aunque competían en casi todo, Takeshi y Kaori eran mejores amigos. Hadda, una joven Kyosho[2] de veinte años de cabello castaño claro y ojos celestes cristalinos, siempre había identificado a Takeshi con su mejor amigo, Toki y a Kaori con su primo, Ikkyo; aunque esperaba con todo su corazón que sus dos aprendices no terminaron de la misma manera que Toki y Ikkyo.
No muchos conocían la verdadera historia de los dos chicos, pero la mayoría de la gente consideraba a Ikkyo un gran traidor de sus compañeros y de su aldea. Pero aunque Hadda odiaba terriblemente a los traidores, no sentía lo mismo por Ikkyo, ya que él había abandonado la Aldea del Fuego para volverse más fuerte y vengar la muerte de su familia. Hadda no entendía por qué, pero sentía un especial respeto por Ikkyo y sentía una gran tristeza al pensar en él. Es que Ikkyo había perdido a toda su familia - el Clan Heian- a manos de su hermano Shusei. Los únicos que habían quedado eran Ikkyo, Shusei, Hadda, la madre de ésta y el primo de Hadda, Harry. Shusei había dejado vivo a su hermano menor y a Toki, que había sido testigo de todo; mientras que Hadda, Harry y su Jaina -la madre de Hadda- siguieron vivos porque Shusei los respetaba y quería. Jaina había muerto dos años después de la masacre del Clan en manos de un demonio llamado Henry Miniptrip.
- Hadda-sensei, ¿cuándo vamos a tener misiones más importantes?
- ¿He?- Hadda salió bruscamente de sus recuerdos al escuchar la voz de Takeshi.
- ¿Cuándo vamos a tener misiones más importantes?
- Cuando la HiKokuo-sama lo diga, recuerden que hace solo un mes que se convirtieron en Deshis.
- Pero Kazuo-sensei dijo que...
- Sabes que a Kazuo-sensei le gusta inventar cosas- lo interrumpió Akiko.
- No tiene nada que ver, mi padre dice que es verdad- contradijo Kaori.
- ¿De qué están hablando?
- Kazuo-sensei dice que tú te convertiste en Chimu[3] a solo tres meses de convertirte en Deshi- respondió Akiko.
- Y que cuando eras Deshi tenías misiones de rango C y B, ¡¡incluso tuviste de rango A!!- agregó Takeshi.
- Y también dijo que a solo cuatro meses de ser Chimu ascendiste a Kyosho- dijo Kaori.
Hadda soltó una risita, su padre siempre se enorgullecía de ella, pero nunca decía que cuando todo eso ocurrió ella tenía ya dieciséis años.
- Si, es verdad, a solo ocho meses de ser ninja me convertí en Kyosho. ¿Pero Kazuo-sensei no les dijo que edad tenía cuando yo me convertí en ninja?- los tres negaron- Tenía dieciséis años.
- ¡¡Te convertiste en Deshi a los dieciséis!!
- Jeje si, pero yo nunca fui a la academia como ustedes. Es más, nunca me imaginé que sería una ninja, yo llegué a la Aldea del Fuego cuando tenía dieciséis y luego de un mes la HiKokuo-sama me propuso ser ninja y me asignó al equipo de Kazuo, Toki y Mei.
- Mi padre me dijo que en tu primera batalla contra él descubriste tu Jigokume.
- Si, así es. Gracias al estilo de puño de Aura de tu padre activé el segundo nivel de mi Jigokume, que aún no sabía que poseía.
- ¿Kaichi-sama era tu amigo Hadda-sensei?- preguntó Akiko.
- Si, Kaichi y yo éramos... somos buenos amigos. Él me ayudó a perfeccionar el control de mi Aura y me enseñó a usar mi Aura como arma, casi como pueden hacerlo tu y Clan, Kaori.
Siguieron caminando hacia la oficina del HiKokuo mientras Hadda les contaba a los tres sus experiencias y anécdotas graciosas. Le encantaba estar con esos chicos, la hacían reír y le recordaban los buenos momentos que había pasado con sus amigos cuando era como ellos, esos momentos habían sido pocos, pero inolvidables.
- ¡Hey Hadda!- una inconfundible voz la llamó a sus espaldas.
- ¡Toki, ¿qué haces?!- Hadda se dio vuelta, Toki venía hacia ella. Era un joven rubio de ojos celestes, inquieto y algo hiperactivo, pero determinado, valiente y de gran corazón. Cuando ella se convirtió en ninja, él fue el primero que la aceptó y la acompañó siempre. El chico huérfano y portador del poderoso Demonio de Fuego se había convertido en su mejor amigo y aunque Hadda lo había conocido cuando tenía quince, ahora con veintiocho él seguía siendo muy gracioso y algo despistado.
- Keiichiro-sama me mandó a llamar- contestó distraídamente Toki, luego vio a los tres chicos- hola chicos.
- Hola Toki-san- saludaron Takeshi y Akiko. El chico lo admiraba y a la chica le gustaba.
- Hola- dijo simplemente Kaori, que era frío y distante con aquellos con quienes no estaba familiarizado.
- Tu eres Kaori Kamakura, el hijo de Kaichi, ¿no?- Kaori asintió- Sabes, en mi primer examen Chimu le prometí a tu padre que cuando me convirtiera en HiKokuo...
- Toki deja de alardear, Keiichiro-sama nos está esperando- dijo una chico acercándose a Toki- hola chicos... oh Hadda, quería hablar contigo también.
La chica era Mei, una fuerte ninja médico de veintiocho años, de cabello rosado y ojos celestes, era algo feúcha, pero a Toki le gustaba. Aún así Mei siempre había estado enamorada de Ikkyo. Ella era una chica algo ruda, pero muy sensible y amable, dispuesta a ayudar a quien la necesitaba. Mei había sido entrenada por Keiichiro (la HiKokuo) y todos coincidían en que cada día Mei se parecía más a ella.
- ¿Con migo? No entiendo, ¿por qué?
- No lo se, pero será mejor que vallamos.
- Bueno, tengo que llevar a Nieve con su dueña y entregar el informe de la misión y...
- Hadda-sensei yo puedo devolver a Nieve- la interrumpió Takeshi.
- ¿Estás seguro?
- Si, si, por favor déjeme llevarlo de vuelta con su dueña.
- Bueno, no se...
- ¡Por favor!
- ¿Por qué tan desesperado Takeshi?
- ¿He? Bueno yo...
- Ja, es que a Takeshi le gusta la dueña de Nieve- dijo en tono burlón Akiko.
- Oh, con que eso era... bueno entonces Takeshi, tu y Akiko llevarán a Nieve con su dueña- Hadda le entregó el gato dormido a la chica- Kaori tu vendrás con migo a dejar el reporte de la misión.
El chico asintió y siguió caminando por el pasillo, los otros dos fueron en dirección contraria. Mientras los cuatro caminaban, Toki le dijo en un susurro a Hadda:
- Se parece mucho a Kaichi por lo callado, ¿es igual de fuerte?
- Recuerda que Kaori fue sellado Toki, estoy tratando pero no puede desarrollar muy bien ni el Combate Suave ni el Byakugan.
- Kaichi pudo ser más fuerte que ese sello, estoy seguro de que él también puede.
- Pienso lo mismo que tu Toki y estoy haciendo todo lo posible para anular el sello Kamakura, pero a decir verdad estuve investigando y el sello de Kaichi era más débil que el de Kaori.
- Igualmente- interrumpió Mei- Kaori tiene diez años, ¿verdad?
- Sí, él es más chico que Takeshi y Akiko y sin embargo los supera en técnicas ninjas y combate cuerpo a cuerpo.
- Esperen, ¿dijiste que el sello de Kaichi era más débil?
- Si Toki, por si no lo recuerdas copie con mi Jigokume una línea sucesoria que permite anular y crear cualquier tipo de sellos. Después de mucho entrenamiento logré anular el sello de Kaichi, pero aún no descubro cómo anular el de Kaori.
- ¿Pero son muy diferentes?
- No solo los sellos son diferentes, Kaori y Kaichi tienen personalidades diferentes. Y a decir verdad les aseguro que tengo la sensación de que Kaori se parece más a Ikkyo que a su padre.
- A... ¿Ikkyo-kun?
- Si Mei, a Ikkyo...- pero antes de que pudiera terminar de hablar llegaron a la oficina de la HiKokuo, donde Kaori los esperaba con una mano en el picaporte- Adelante Kaori, abre la puerta.
El chico obedeció. En cuanto entraron encontraron a un joven alto de cabello negro azabache y ojos verde jade, Kaichi; a un hombre de cabello blanco plateado y ojos azul cristalino y tres cuartos de su cara tapada, Kazuo; y a una mujer, en apariencia joven, rubia de ojos verdes con enormes pechos, Keiichiro, la quinta HiKokuo, que estaba sentada en su escritorio.
- Ham... hola- dijo Hadda algo confundida por ver al padre de su aprendiz y a su propio padre en la oficina. Los tres jóvenes y el chico hicieron una reverencia con la cabeza dirigida a los dos Kyoshos y a la Kokuo[4].
- ¿Papá?- dijo Kaori acercándose a Kaichi- Qué haces aquí.
- Me asignaron una misión- respondió él colocando una mano en la cabeza de su hijo- tendrán que quedarse con tu madre solos por un tiempo.
- Keiichiro-sama, ¿para qué nos llamó?- preguntó Mei.
- Los llamé porque tengo una misión muy importante para...
- ¡Para mi!- interrumpió Toki.
- No solo para ti, Toki, para Mei también. Deben entregar este pergamino al KumoKokuo. Es un documento importante así que tengan cuidado- le entregó un pergamino a Mei- es urgente, salgan ahora.
- Bien, nos vemos chicos.
Los dos jóvenes saludaron y se fueron. Cuando salieron Hadda le dijo a Keiichiro:
- ¿Es mi imaginación o esa misión es solo para alejarlos de la Aldea? Esa misión la podría haber hecho un equipo Deshi.
- Si Hadda tienes razón, esa misión es para mantener ocupado a Toki.
- ¿Por qué? ¿Y por qué me llamó?
- Ya lo sabrás. Te llamé porque tengo una misión para ti. Pero no para tu equipo- agregó al ver que la chica habría la boca- no se cuanto va a durar, por lo que tendré que asignar un nuevo Kyosho al equipo 3.
- ¡Qué! No puede reasignarlos a otro Kyosho, estamos en medio de un entrenamiento especial, no puede separarnos ahora.
- No me queda otra opción Hadda, además podrás decirle al nuevo Kyosho en qué consiste el entrenamiento.
- ¿¡Pero no entiende!? Estoy trabajando en el Sello de Kaori, solo yo puedo brindarle ese entrenamiento.
- Ya lo se, pero tú debes cumplir esta misión.
- Uf, ¿pero quién me remplazará?
- Nobuto.
- ¡¡Nobuto!! ¡Pero él no puede entrenarlos! Él... él...
- Ya se que es tu rival, pero él es un experto en combate cuerpo a cuerpo y por lo que me dijiste, Takeshi, Akiko y Kaori deben mejorar en ese estilo.
- Pero Kaori tiene el estilo propio de los Kamakura, no puede aprender el estilo de Nobuto que es todo lo contrario.
- Deja de discutir Hadda, esta misión deben cumplirla tú, Kazuo y Kaichi.
En ese momento Kaori miró a su padre. No lo tendría por tiempo indefinido, al igual que a su sensei, no podía permitir eso, él era muy apegado a su padre y cuando no estaba con él estaba con su sensei, a la cual consideraba una hermana mayor, ya que le había enseñado muchas cosas, entre ellas a confiar en sí mismo y en sus compañeros de equipo. Entonces se adelantó y, dirigiéndose más que nada a la HiKokuo, dijo:
- No puede reemplazar a Hadda-sensei.
- Es que... ¿qué?- Keiichiro se impresionó al oír la voz del chico.
- No puede reemplazarla Keiichiro-sama, ella es mi sensei y... y... sin mi padre y sin ella mi entrenamiento se estancará.
- Kaori, se que eres el más chico de los novatos, pero por algo Shikamaru te graduó de la academia. Eres un Deshi como todos los demás y...
- ¡Pero Nobuto-san no va a poder entrenarme! Se que él fue compañero de equipo de mi padre y conoce el estilo Kamakura, pero no va a poder hacer nada con mi sello.
- Uf está bien, no asignaré a Nobuto, que les parece...- Keiichiro pensó un momento y luego dijo- Michi, ella es del Clan Kamakura.
- ¿Michi-sama?
- Si, ella. Kaichi, Hadda, ¿qué les parece?
- Michi-sama no tiene el sello, pero aún así podría ayudar- dijo en forma de respuesta Kaichi.
- Está bien...- dijo Hadda luego de lanzar un resoplido- ¿Cuándo comienza la misión?
- Pero el momento mañana. Así que tendrás todo el día para explicarle a Michi todo lo que tengas que explicarle. Mañana por la mañana los quiero a los tres aquí para explicarles en que consiste. Vengan a las nueve- luego miró a Hadda y Kazuo y agregó- y no lleguen tarde.
La chica le dedicó una sonrisa culpable y el hombre simplemente serró los ojos (en realidad solo el izquierdo, que era el que estaba visible). Luego ambos salieron de la oficina y comenzaron a caminar tranquilamente hacia su casa. Los dos eran personas tranquilas, o mejor dicho, pachorrudas, caminaban lentamente, con las manos en los bolsillos y sin mucha prisa. Hadda suponía que eso era lo único que había heredado de él -aparte del color de ojos- ya que todos decían que ella tenía la misma personalidad de su madre. Aún así, con el tiempo Hadda también había tomado la costumbre de su padre de llegar siempre tarde. Caminaron un largo rato por las calles de la Aldea del Fuego, hasta que el agudo grito de una niña los hizo detenerse en seco a ambos.
- ¿Qué fue eso?
- No lo se, parece venir de allá- contestó su padre señalando a su izquierda.
- Vamos a ver papá- dijo ella y salió corriendo en dirección al grito.
- ¿He? Espérame.
La niña -o quien sea- seguía gritando. El sonido era tan agudo que les perforaba los tímpanos, pero hacía de señalización. Les pareció extraño que las callejuelas por las que corrían estuvieran desiertas, parecía que nadie más había escuchado el grito. Siguieron corriendo, hasta que Hadda se detuvo en seco, haciendo que su padre chocara con ella.
- ¿Qué pasa Hadda?
La chica señaló a la pared que tenían en frente: tenía pintado un extraño símbolo, una especie de llama de fuego negra envuelta con alas blancas, como de cuervo. Kazuo comenzó a mirar alrededor. No se había dado cuenta. La razón por la que las calles estaban desiertas era porque habían entrado en el antiguo barrio Heian. El barrio había sido, hace diecinueve años, el hogar del poderoso Clan Heian, hasta entonces el Clan ninja más fuerte de la Aldea del Fuego. Llenos de secretos y técnicas ocultas, los Heian descendían de los Kamakura y de una raza de demonios muy poderosos. Jaina, la madre de Hadda, era descendiente del Clan Heian por lo que poseía esos secretos y técnicas ocultas; pero por desgracia Hadda no había podido aprender todo lo que su madre sabía. Aún así Kazuo había hecho todo lo posible por entrenar a Hadda en el arte ninja de los Heian.
La chica se dio vuelta y miró a su padre, ambos sabían que el grito provenía de ese lugar, pero también sabía que hacía ya mucho tiempo que nadie entraba en ese barrio, escenario de la mayor masacre de la Aldea.
- ¿Qué hacemos?- preguntó ella.
- Nada, vamos a casa, no te hace bien estar aquí.
Pero antes de que Hadda pudiera decir algo, el grito volvió y esta vez fue tan agudo que solo Hadda pudo oírlo y fue aturdida. La chica se tapó instintivamente los oídos con las manos, pero el sonido fue tan poderoso que se desmayó. Afortunadamente su padre logró alcanzarla y cayó en sus brazos.

[1] Deshi es el rango ninja más bajo, trabajan en grupos de tres y son liderados por su sensei.
[2] Kyosho es el rango más alto entre los ninjas, son líderes de equipos Deshi, ninjas de elite y maestros.
[3] Chimu es el rango ninja intermedio, son líderes de escuadrones y pueden trabajar individualmente.
[4] Kokuo: Del japonés. Rey.


continuara.... poximo capitulo: "El legado de los demonios"

24 oct 2008

El reloj

Paul Tregadis era un hombre que coleccionaba objetos antiguos. Un hermoso día de primavera entró en una tienda de antigüedades de la avenida Strugarts. Saludó al dueño y se sumergió en la habitación dedicada a objetos del siglo XVIII. Recorrió lentamente cada una de las estanterías, hasta que tropezó con una madera floja y varias estanterías comenzaron a caer en efecto dominó.
Distraídamente comenzó a gatear. Paul Tregadis encontró el cristal lechoso entre un montón de cachivaches de todas las épocas, tomó la antigüedad y la observó. El objeto era como del tamaño de una naranja pequeña ligeramente aplastada. Creyó que tal vez provenía de algún país de Europa. Quiso incorporarse, y colocó el extraño objeto sobre una mesa. Se puso de pie y se golpeó la cabeza con una campana de oro.
Tregadis, aturdido y maravillado, se encontró ante la mesa donde había puesto la achatada esfera. La tomó y quiso colgársela del cuello. Caminó silenciosamente y de repente la cadena de ajustó contra su cuello, ahorcándolo lentamente... Tres meses después del incidente, nadie parece saber nada de él y su misteriosa muerte.

9 oct 2008

Los misterios del cerro Trikérato. Cap 1

Era una calurosa tarde de verano y Jonathan caminaba tranquilo por el camino que subía al cerro Trikérato, a las afueras de la ciudad de Elevisínia, donde él vivía y había vivido desde que tenía dos años; era el único lugar que recordaba conocer aunque sabía que había nacido en Atenas. Su padre y su madre, por asuntos de trabajo se habían mudado a esa pequeña ciudad, y él no se había movido de allí desde entonces; su padre, en cambio, viajaba a menudo a lugares exuberantes como Brasil, Japón, China, Egipto, Inglaterra y Estados Unidos. Jonathan, entonces se quedaba en casa de su mejor amigo, Andreas.
Su vida era, entonces, normal, común y corriente como la de cualquier otro chico del mundo. Jonathan deseaba que algo pasara en su vida, algo que rompa con la rutina, con la vieja y aburrida rutina de todos los días... pero, al parecer nada ni nadie se le aparecía como en los cuentos, él sabía que no eran ciertos, pero allí, en ese fantástico mundo de los cuentos, las películas y los sueños todo parecía tan fácil y sencillo que le costaba volver a la realidad cuando dejaba de leer o de mirar una película o incluso de soñar.
Parecía que lo único “interesante” de su vida era que su madre había desaparecido al hundirse un pequeño barco, en el Mediterráneo. Nadie había encontrado nada: ni los restos del barco, ni el cadáver de su madre, ni a los demás tripulantes; se habían esfumado o, como Jonathan solía decir, se los había tragado el mar.
Sumido en sus pensamientos no se dio cuenta de por donde iba, sus piernas lo llevaban por un camino por el que nunca había ido, cosa que le resultaba extraño, ya que había recorrido todos los lugares y caminos que rodeaban su ciudad. Sin nada que hacer siguió caminando -antes que estar sentado en el living de su casa sin hacer nada, prefería pasear por ahí- cuesta arriba y le sorprendió ver que la vegetación se hacía más densa y boscosa, -todo lo contrario de lo que le decían en la escuela sobre las montañas de su país- curioso como era de nacimiento e incentivado por su espíritu aventurero decidió seguir hasta que el camino se terminara o sus piernas no le respondieran del cansancio, cosa que se sorprendió al notar que aún no había pasado.
Después de varios minutos empezó a tararear una canción que se le vino a la mente, era una canción que supuso que el mismo acababa de inventar ya que no le recordaba a ninguna otra que hubiera escuchado. Sin prestar atención sus pies se pusieron en marcha de vuelta, aunque su cabeza le decía que parara. No habría hecho más de tres metros cuando se dio cuenta de que había pasado inadvertida una pequeña carpa y una vos de mujer que cantaba una canción que le resultaba peculiarmente familiar…
Se volvió, y le sorprendió ver que la pequeña carpa era en verdad pequeña -para una sola persona, tal ves-, de color rojo y con unas flores en el techo, el cierre estaba abierto, y la bella vos venía de su interior; a un costado había unos troncos que ardían en una pequeña fogata, a su alrededor dos troncos en forma de bancos, y apoyada en ellos, una mochila abierta, en la que se veía una pequeña notebook.
Jonathan se acercó a la carpa, de donde provenía la voz, y quiso echar un vistazo; pero cuando se asomó por la puerta, se encontró cara a cara con una chica que lo asustó. Era una chica muy bella, de ojos verdes como la piedra de jade; tenía el cabello dorado, largo hasta la cintura y lo llevaba suelto.
La chica lo miraba como impresionada, después de observarlo de arriba abajo y analizarlo con todo detalle le dijo con vos alegre y una gran sonrisa:
- Hola, soy Katie, ¿y tú?
- Heee... hola- contestó Jonathan sin saber que decir- yo soy Jon... athan.
Katie lo miró entre divertida y confusa, pero luego soltó una risita.
- Bueno Jon athan, es un gusto conocerte. ¿Vives cerca de aquí?
- E en la ci ciudad de Elevisínia- dijo el chico tartamudeando.
- ¿¿¿Elevisínia???- pregunto desconcertada la chica- pero esa ciudad queda muy lejos de aquí...
- ¿Lejos?, pero yo llegué hasta aquí caminando...
- Eso es imposible- lo contradijo Katie- las luces de Elevisínia apenas se distinguen desde aquí.
- ¿¿Desde aquí?? Y precisamente ¿donde es AQUÍ?
Jonathan estaba desconcertado por lo que Katie decía, y al parecer, la chica estaba igual de desconcertada que él.
- Bueno, estamos en el monte Trikérato...
- Eso ya lo se... pero, ¿a que altura?- la interrumpió Jonathan.
- ¡¡Hey!! ¡cálmate! Estamos a unos 1190 metros sobre el nivel del mar.
- ¡¡Que, 1190!!

... continuará ....