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4 nov. 2008

Los misterios del cerro Trikérato. Cap 2

en el capitulo anterior...
- ¿¿¿Elevisínia???- pregunto desconcertada la chica- pero esa ciudad queda muy lejos de aquí...
- ¿Lejos?, pero yo llegué hasta aquí caminando...
- Eso es imposible- lo contradijo Katie- las luces de Elevisínia apenas se distinguen desde aquí.
- ¿¿Desde aquí?? Y precisamente ¿donde es AQUÍ?
Jonathan estaba desconcertado por lo que Katie decía, y al parecer, la chica estaba igual de desconcertada que él.
- Bueno, estamos en el monte Trikérato...
- Eso ya lo se... pero, ¿a que altura?- la interrumpió Jonathan.
- ¡¡Hey!! ¡cálmate! Estamos a unos 1190 metros sobre el nivel del mar.
- ¡¡Que, 1190!!



- Si, ¿acaso eres un poco sordo?
Jonathan la miro raramente y negó con la cabeza. 1190 metros, eso era imposible, había llegado hasta ahí caminando, sus oídos ni siquiera se habían tapado, no estaba mareado, en fin, no sentía ni el menor signo de estar a tanta altura.
Katie lo miró un largo rato, y luego encogiéndose de hombros se dio vuelta y siguió cantando como si nada. Entonces Jonathan recordó que esa canción era la que había empezado a tartamudear. Pero... ¿Cómo era posible que alguien que él acababa de conocer supiera la canción que él mismo acababa de inventar?
- Disculpa... ¿De donde sacaste esa canción?
- Es una canción que me cantaba siempre mi madre, ¿por qué?
- Es que... yo estaba tarareando esa canción y...
- ¿Y? Es posible que la conozcas, es una canción muy famosa en Francia.
- ¿En Francia? Pero es imposible, creí que la había inventado... nunca fui a Francia y nunca había escuchado ni siquiera su melodía...
Katie se encogió de hombros y siguió acomodando unas bolsas como si nada.
Jonathan se sentía un poco incómodo y entonces le preguntó a la chica que hacía ahí y ella simplemente le respondió que estaba acampando.
Esto le pareció muy raro, nadie acampaba en ese cerro desde hacía varios años, ya que se decía que pasaban cosas horribles, entonces, temiendo por la chica le dijo:
- ¿Nadie te dijo que no se puede acampar aquí?
- No, al contrario, un hombre muy extraño pero amable me dio unos cuantos consejos…
- ¡Ho!... es que han pasado muchas cosas extrañas con los acampantes que llegan a este cerro.
- Cosas extrañas... ¿Como que?- preguntó la chica.
- No lo se... como... hemm... muchos dicen que vieron cosas extrañas...
- Jeje, yo no soy supersticiosa... ¿Que te parece si te enseño un lugar realmente extraordinario? Claro si quieres.
- Un lugar de este cerro... jeje, conozco el cerro Trikérato como la palma de mi mano.
- Entonces supongo que ya conoces el manantial de agua que hay unos cuantos metros adentrándose en el bosque...
- ¿Manantial?¿Bosques? Me estás tomando el pelo, aquí no hay ningún manantial... y mucho menos un bosque...
- Estas equivocado, se “conozco este cerro como la palma de mi mano”- dijo Katie burlándose- ven, te lo mostraré.
- Bien, vamos- contestó Jonathan.
- Por aquí- dijo la chica y comenzó a caminar por el bosque y Jonathan la siguió.
Pasaron unos cuantos minutos y llegaron a lo que parecía un claro de un inmenso bosque. Allí vieron una cascada de aguas cristalinas, que caía de una pequeña ondulación del cerro, Jonathan, nunca había oído hablar de ella y mucho menos la había visto.
-Parece….
-Si, es agua pura, mejor que las embotelladas- contestó inmediatamente Katie.
Jonathan se quedó un buen rato contemplando esas aguas totalmente cristalinas que caían como diamantes en una pequeña fuente…
- ¿Qué tan hondo es el charco?
- No mucho, supongo que nos llegará a las rodillas.
<<>>, pensó, dando un suspiro. Siguieron contemplando ese vello paisaje hasta que un sonido grotesco los sobresaltó e hizo que Katie tomara involuntariamente la mano derecha de él.
- ¿Qué rayos fue eso?
- No se, pero no sonó muy bien…
Se dieron vuelta muy lentamente y se quedaron estupefactos al ver que era lo que había, seguramente, provocado el ruido. Una persona de dos metros de altura, aproximadamente, cubierta por una capa de lo que parecía ser piel de oso. Asustados, retrocedieron hasta que se mojaron los tobillos con el agua. Esa cosa, que no hablaba pero emitía un enorme regido, se les acercó y sacó algo que parecía una garra. Katie retrocedió más y se sumergió en el agua. Jonathan sin saber que hacer, también retrocedió y, justo cuando esa cosa lanzó un zarpazo perdió el equilibrio y se sumergió bruscamente.
Como no sabía nadar, Jonathan comenzó a dar manotazos hasta que ya no aguantó la respiración y se desmayó creyendo que iba a morir.

...continuaá....

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