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13 nov. 2012

Una tarde de verano [Cuento]


Un pequeño cuento con la protagonista de Cronicas de una Guerra, Candance... se me ocurrió a partir de un sueño xD

Una tarde de verano.


La tarde era perfecta: cielo azul, sin nubes, con un espléndido sol brillando, la temperatura perfecta. Era un hermoso día de verano en California, perfecto como muchos otros del año. Pero para cierto joven de dieciocho años aquel día no sería como los demás, sería, además de un día perfecto de vacaciones, un día extraño. Extraño porque conocería a alguien de por sí extraño y de una forma también bastante peculiar.

Aquel chico vivía en una linda casa de los suburbios, dos pisos, techo de tejas grises, a dos aguas, un lindo jardín delantero, con setas verdes muy bien cuidadas, y un hermoso patio trasero, con una piscina digna de admiración y envidia. Fue en esa misma piscina en donde ocurrió algo extraño, muy extraño. El joven, de cabello castaño, ondulado y algo alborotado, y ojos verde pardo, se encontraba a punto de entrar a su casa cuando escuchó un ruido extraño a sus espaldas. Miró, y no vio nada. El agua de la piscina estaba calma y nada se había movido en los árboles que rodeaban la medianera del patio. Sin darle importancia, procedió a continuar su camino hacia el interior de la casa.
Pero fue entonces que, justo en el instante en que dejó de ver la piscina, se escuchó un estridente ruido a algo bastante pesado cayendo al agua. Automáticamente se dio vuelta, para comprobar, con sorpresa y algo de temor, que alguien (si, alguien, no algo) había caído al agua. Se acercó al borde de la pileta y comprobó que efectivamente, alguien estaba chapoteando en el agua, intentando salir a la superficie. Se quedó completamente helado observando con atención. Unos segundos después, la cabeza de una chica salió a la superficie, abriendo la boca fuertemente, para tomar una gran bocanada de aire. La joven, de bellos ojos celestes, lo miró por unos segundos como sorprendida y algo asustada, pero luego simplemente se desmayó, comenzando a caer a las profundidades de la piscina.
El chico, casi por instinto, saltó rápidamente al agua y la alcanzó, tomándola entre sus brazos y comenzando a nadar hacia la superficie nuevamente. Pero cuando estaban a mitad de camino, algo comenzó a brillar. Él miró hacia todos lados, pero descubrió, con sorpresa, que el resplandor provenía del interior de la chica misma. La observó y descubrió que algo estaba brillando en su pecho. Antes de que pudiera hacer algo, una especie de chorro de agua caliente surgió del cuerpo de ella y los rodeó. En un abrir y cerrar de ojos estaban fuera de la pileta, tirados en el pasto, en el medio del patio. Él tosió un poco, pero apenas se recuperó se acercó a la joven y, acercando su cara a la de ella, comprobó si respiraba. Lo estaba haciendo, pero con bastante lentitud, por lo que comenzó a realizarle pequeños golpes en el pecho, con la palma de almas manos, para que lograra escupir el agua que había tragado.
No pasó mucho tiempo para que la chica comenzara a toser, escupiendo parte del agua. Cuando ya estuvo bien, lo miró y tras unos minutos de silencio y quietud, en los cuales ambos se miraron fijamente a los ojos, se paró de un salto y se alejó de él.
— ¿Qué ocurrió?— preguntó ella, con un inglés algo extraño.
— Ammm… Caíste en mi piscina.
Ella miró automáticamente hacia la pileta y luego volvió a mirarlo— ¡Perdón! ¡En verdad lamento haberte asustado! Ahora… ¡debo irme!
Y comenzó a caminar rápidamente, en dirección a la casa, como buscando una salida. Pero él la detuvo, tomándola del brazo.
— ¡No, espera! No puedes irte.
Ella lo miró, pero no dijo nada.
— No puedes irte. Caíste del cielo a una piscina, te desmayaste y casi te ahogas, además tienes heridas. Quédate un momento, puedo ayudarte.
— No… Lo siento, pero tú no puedes ayudarme— respondió ella, casi en un susurro, pretendiendo seguir con su camino.
— ¿Por qué no? Déjame intentarlo al menos.
— No…
— ¿Por favor?
Él la miró a los ojos, para convencerla, pero ella le esquivó la mirada. Aún así asintió diciendo:
— Esta bien, pero luego me iré.
— Genial— dijo él en forma de respuesta, con una sonrisa en su rostro—. Por cierto, ¿cuál es tu nombre?— preguntó, mientras entraba en su casa y le hacía señas a ella para que lo siguiera— El mío es Nick.
— Candance— respondió ella, luego de un momento, en el que parecía que había estado analizando las posibilidades de si decirle la verdad o no.
— Que nombre extraño… nunca lo había escuchado— comentó Nick, dándole una toalla para que se secara y agarrando una para él mismo. Luego entraron a la cocina de la casa, la cual era bastante grande y el chico se dispuso a buscar su botiquín.
— Es árabe— fue todo lo que dijo ella, mientras miraba con atención cada rincón del lugar.
— Oh, ya veo. ¿Eres de ahí?— el castaño, regresando con el botiquín en sus manos y haciéndole una seña para que se sentara a una pequeña mesa. Ella lo hizo y él se sentó a su lado.
— ¿De Medio Oriente? No.
Él la miró con curiosidad, para luego tomarle la mano derecha y comenzar a vendarla, ya que tenía una importante quemadura en ella.
— ¿Entonces de dónde eres?
— De un lugar muy lejos de aquí.
— Por eso tienes acento extraño, ya veo.
Candance dirigió sus ojos celestes hacia los verdes de él. Estaba completamente seria y no parecía querer hablar mucho. Una vez él terminó de vendarle la mano, sacó unas gasas y un poco de algodón.
— No te gusta hablar mucho, ¿verdad?— preguntó él, pero no esperó respuesta— ¿Puedo?— ella asintió y entonces él le corrió el cabello húmedo de la cara, colocándose detrás de la oreja y acercándose a su rostro, para poder limpiarle con un poco de algodón humedecido con alcohol una pequeña herida que tenía sobre la ceja— Va a arder.
— Estoy acostumbrada al ardor.
Aunque el comentario le pareció extraño, Nick no dijo nada y prosiguió con lo que estaba haciendo. Y así continuó por unos quince minutos más, limpiando y cubriendo con gasa las heridas que Candance parecía tener por todo su cuerpo. Cuando terminó con todas las visibles, dejó las cosas sobre la mesa y la miró con una media sonrisa.
— No creo que quieras que vea si tienes heridas en otras parte del cuerpo, ¿verdad?
Ella lo miró penetrantemente y sonrió levemente— ¿Por qué me ayudas? No me conoces.
— Seré médico algún día, voy a ayudar a gente que no conozco.
— Pero con suerte ellos no caerán en tu piscina.
Nick no pudo evitar reír ante aquel comentario y, para su sorpresa, ella también rió.
— Cielos, por un momento creí que no eras capaz de reírte.
— Soy una chica… Nick, no un…— hizo una pausa—. Olvídalo. Gracias por ayudarme, ahora debo irme, de verdad— y con esto se puso de pie.
— ¡Espera!— él volvió a tomarla por el brazo.
Ella lo miró— Ya me ayudaste demasiado. De verdad debo irme.
— Sólo quiero hacerte una pregunta y… me la debes.
Candance suspiró— De acuerdo, dime.
— ¿Cómo rayos terminaste en mi piscina?
La castaña lanzó un pequeño suspiro de risa— No es algo que pueda responder sin que me trates de loca.
— Te vi caer, vi como algo brillaba dentro de ti y… como algo que salió de ti nos sacó del agua, a ambos.
Volvió a suspirar, girando sus ojos— Ya viste demasiado, créeme, no quieres ver más.
— Algo me dice que no he visto ni un poco.
— No querrás ver más.
Él se le acercó, para quedar a una distancia muy corta de ella, lo que la puso algo incómoda— ¿Y qué si quiero?
La chica negó con la cabeza y estaba a punto de hablar, pero él no la dejó, ya que terminó de reducir la distancia que los separaba y le dio un suave beso en los labios. Ella se quedó atónita, mientras él la rodeaba con sus brazos. Segundos después, Candance estaba correspondiéndole el beso, haciendo que se volviera más profundo.
Nick la apegó más a su cuerpo, pero entonces pareció como una corriente eléctrica hubiera recorrido el cuerpo de ella, haciéndola saltar y haciendo que ella misma rompiera el contacto de sus labios… y de sus cuerpos.
— ¿Por qué…?
De la nada, Candance se había alejado de él al menos unos diez pasos— Te dije que no. Gracias Nick, de verdad.
Y dicho esto, se apresuró a salir por donde habían entrado. Pero Nick la siguió, no podía dejarla ir.
— ¡Espera! ¿A dónde…?— pero no pudo terminar la frase porque, al salir al patio, se quedó mudo por lo que vio. Candance estaba literalmente flotando en el aire y lo miraba con una extraña expresión en su rostro.
— ¿No aceptas un no como respuesta, verdad? Eso dice tantas cosas de ti…— ella sonrió ante la cara atónita del chico, que la miraba con los ojos abiertos de par en par—. Pero sigues siendo un humano como todos los demás, quedándote sin palabras ante lo que no pueden explicar, ¿ahora entiendes por qué sé que no quieres ver más de lo que ya viste?
— ¿Qué…? ¿Quién eres?
— Mi nombre es Candance… y no soy humana.
Eso fue lo último que dijo antes de salir volando rápidamente, perdiéndose de vista al instante.
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Años después Nick aún recordaba aquello, nunca había podido olvidarlo. ¿Cómo podría hacerlo? Y había sido una suerte que no lo dejara pasar, que no creyera que había sido un sueño, que no dejara de buscar… Porque ahora estaba ahí, en el planeta rojo, Marte, caminando por su superficie, formando parte de la primera misión humana en aquel planeta, descubriendo –para sorpresa de todos, pero no para él– restos de una enorme civilización, probablemente muy avanzada, que había desaparecido –o abandonado el lugar– hacía muy poco tiempo, no más de veinte años. Aproximadamente la cantidad de tiempo que había pasado desde aquella tarde de verano.
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