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5 ene. 2009

Cronicas... cap 4. parte 1

En el cáp. anterior:

- ¡Mei, Toki, ya volvieron!
- ¡¿Hadda, Keiichiro-sama está en su oficina?!- le preguntó Toki tomándola de los hombros.
- Hem si, ¿Por qué?
- Una Serpiente que pertenece a Caelum Sanguis nos atacó por el camino, ahora Tsutomu-sama está peleando contra él- explicó Mei.
- ¡¡Caelum Sanguis!! ¡NO!- la chica Salió corriendo inmediatamente hacia la oficina de la HiKokuo, dejando a los dos chicos boquiabiertos, que luego la siguieron- “No puede ser, ya comenzaron a actuar... aunque si mandaron a un samurai solo debe ser para distraernos, como sea, hay que tener la guardia en alto...”


Cáp. 4: El poder del zorro.

- ¡QUÉ! ¡¡Tan rápido!!- Keiichiro se puso de pie de un salto al escuchar a Hadda. Inmediatamente después Toki y Mei entraron en la oficina.
- Mei, busca a Kaichi, Kazuo y al líder SSEG y diles que vengan aquí, ¡rápido!
- Ha... ¡Si!- sin pensarlo Mei desapareció dejando atrás una nube de humo.
- Hadda, no sabemos si ese samurai venía solo o no, pero no podemos arriesgarnos, lleva a Toki a un lugar seguro que solo tu conozcas- Hadda asintió, Toki abrió la boca para hablar pero fue interrumpido-. No salgan hasta que les de la señal, ¿si?
- Si- contestó Hadda. Tomó a Toki del brazo y levantó sus dedos índice y mayor de la mano izquierda al mismo tiempo. Al instante desaparecieron sin dejar rastros.
Aparecieron en lo que parecía ser una callejuela abandonada: las ventanas y puertas de las casas estaban rotas, no había luces, las calles estaban llenas de hojas secas y basura y las paredes tenían grietas y estaban despintadas.
- ¿Hadda, en donde...?
- Shhh... Ven, sígueme- lo calló ella en un susurro.
La chica se metió en una casa, Toki la siguió. Al pasar por la puerta supo donde estaban: la casa estaba amueblaba como si viviera una familia completamente normal, solo que las cosas eran viejas, estaban rotas y llenas de polvo, en el marco de la puerta había un pequeño símbolo: una llama de fuego negra con alas blancas. El símbolo Heian apenas se veía de lo despintado que estaba, pero para Toki era inconfundible, lo había visto miles de veces en la ropa de quien fuera su mejor amigo.
- Hadda, ¿qué hacemos en el barrio Heian?
- Habla despacio, si. Sígueme, estaremos bien por aquí.
- ¿He? Hadda, hace diecinueve años que nadie entra en esta casa, como piensas estar aquí por quien sabe cuanto tiempo.
- Cállate y sígueme.
La chica abrió una puerta, daba a una escalera de caracol de piedra que descendía. Tomó una vela la prendió y comenzó a bajar. Toki la siguió, esta vez en silencio. El sonido de sus pasos retumbaba como gotas de agua en el suelo de una caverna. Cuando la escalera terminó, se encontraron en una enorme sala con muchas puertas, probablemente tendría el mismo tamaño de dos casas de las que estaban arriba. La chica atravesó la sala con paso seguro y se detuvo ante un espacio en la pared en donde no había puertas. Golpeó suavemente con el talón el piso. Sonó a hueco; entonces sonrió, levantó la madera -que resultó ser una puerta trampa- y le hizo a Toki un gesto con la mano para indicarle que la siguiera.
Otra escalera, esta vez normal y de madera. Las tablas estaban algo flojas y carcomidas, mientras que las barandas no se podían tocar ya que habían servido, por casi dos décadas, de alimento para termitas. Cuando lograron llegar a suelo firme se encontraron en una habitación cuadrada -mucho más chica y oscura que la anterior- con una mesa en el centro y unas veinte sillas alrededor. De repente Hadda tiró una shuriken hacia arriba que le pegó al marco de la puerta trampa, la cual se serró, dejándolos a la luz de la pequeña vela.
- ¿Hadda que es esto?- preguntó en un susurro.
- Ahora sí puedes hablar tranquilo Toki, estamos a salvo.
- Oh, bien. ¿Ahora me puedes decir que está pasando, donde estamos, y porque estamos aquí?
- Bueno... Caelum Sanguis amenazó con destruir la aldea si no te le entregas. Estamos en la sala de reuniones secretas del Clan Heian y vinimos aquí para que estés a salvo.
- ¡Otra vez Caelum Sanguis! ¡Debimos acabar con ellos cuando tuvimos oportunidad!
- Toki dime, ¿cuándo tuvimos oportunidad contra ellos?
- Cuando secuestraron a Kai, debimos matar a Shusei y Kasuya, al marionetista y a Yusei.
- Si lo hubiéramos hecho habrían conseguido un reemplazo, siempre lo hacen.
- ¡¿Si siempre lo hacen porque no reemplazaron a Genji?!
- Porque Genji-sama se llevó el collar del sello, por eso. La única forma de destruir Caelum Sanguis es matar uno por uno a sus miembros y sacarle los sellos a los cadáveres. Y sabes lo difícil que es asesinar a uno de ellos.
- Si, porque siempre andan en parejas.
- Exacto, y todos son poderosísimos ninjas asesinos de los más peligrosos. No puedes matarlos así como así, como si fueran simples insectos. Ellos son como las cucarachas Toki.
- ¿He, cucarachas?
- Si, resisten todo tipo de ataques, aunque les cortes la cabeza siguen vivos, se adaptan muy fácilmente a cualquier circunstancia y solo las matas dándole un fuerte y preciso pisotón.
- ¡Entonces por qué no damos el pisotón!
- Porque primero hay que encontrarlos o esperar a que salgan a buscar lo que necesitan, ¿entiendes?
El chico no dijo nada, solo asintió. Hadda se sentó en una silla y serró los ojos por un momento, en los ojos de Toki había aparecido por un brevísimo instante el brillo de los ojos del kyuubi. Debía mantener tranquilo a su amigo o sería muy difícil controlarlo.
Toki comenzó a caminar tranquilamente por toda la habitación, observando cada detalle: las paredes y el piso eran de piedra, como en una caverna, había una especie de porta antorchas cada unos dos metros, por lo que le dijo a Hadda si no podía prender alguna para iluminar la habitación. La chica hizo la pose de manos del fuego -yemas del dedo índice y mayor de ambas manos unidas- y lanzó una bocanada de fuego que encendió un sistema de antorchas que iluminó por completo la habitación.
Solo entonces Toki se dio cuenta de que en la pared norte había una especie de altar con un pergamino en él. Se acercó, le sacó el polvo de un soplido y comenzó a leer. El pergamino contaba el secreto del Tecnica Ilusoria del cal Heian. Estaba a punto de preguntarle algo a Hadda cuando un agudo e intenso sonido lo aturdió. Miró a su amiga, ella también lo había sentido, ya que tenía las manos tapándole los oídos.
- Had... ¡Ha!- el sonido fue tan fuerte que cayó de rodillas. Entonces comenzó a sentir dentro suyo la vos del maldito demonio que dormía en él- Ahora es mi turno chico, no te preocupes, voy a matar a todos esos ninjas de túnicas negras ¡No! ¡Cállate demonio! ¡Cállate y vuelve a tu jaula!
- Toki... Toki...- Hadda intentaba despertarlo, pero no podía, el sonido los había afectado mucho a ambos, más a su amigo que a ella- Vamos, despierta amigo, no dejes que el kyuubi te domine, vamos.
Pero fue inútil. El rojo Aura de fuego comenzó a rodear a Toki cada vez más y más. Hadda no tuvo otra opción: sacó un pergamino, lo colocó sobre el estómago del chico y luego de hacer la posición del fuego y rodear su mano izquierda de Aura gritó, al mismo tiempo que plasmaba su palma y su Aura en el sello:
- ¡Sellado de Aura Demoníaco!



.... continuará....

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